El insignificante precio del riesgo en la deuda bancaria

El insignificante precio del riesgo en la deuda bancaria

Los tipos de interés extremadamente bajos han propiciado que los inversores, en su afán por obtener rentabilidades algo más altas, se arrojen a los brazos de los productos con algo más de riesgo. Pero ese movimiento está provocando el efecto contrario. Conforme aumenta la demanda de esta clase de activos, desciende también la rentabilidad ofrecida. Especialmente en lo que respecta a la deuda bancaria.

El diferencial respecto a la deuda más segura, también conocido como prima de riesgo, se ha reducido a su mínima expresión. Nunca se pagó tan poco por asumir tanto riesgo; pero da igual. Los inversores lo compran todo. Cuarenta puntos básicos (un 0,4%) es la barrera en el terreno de la deuda bancaria que distingue la seguridad de la incertidumbre.

Ese diferencial es, precisamente, la prima de riesgo del nuevo tipo de deuda que emiten los bancos europeos: los bonos sénior no preferentes. Este activo se sitúa entre la deuda sénior preferente y la deuda subordinada en el orden de prelación. Esto que significa que, en caso de que la entidad sea intervenida, cobrarán más tarde que los tradicionales bonistas sénior y sólo si para entonces queda algo que repartir. Lo cierto es que, antes de entrar en resolución, las autoridades probablemente volatilizarán el llamado colchón anticrisis de la banca para tratar de insuflarle un balón de oxígeno y evitar (o limitar) un rescate.

Diferencial entre deuda sénior preferente y no preferente de BBVA
Diferencial entre deuda sénior preferente y no preferente de BBVA.

Pongamos un ejemplo reciente. Cuando Popular entró en resolución este verano, la Junta Única de Resolución (JUR) decidió detonar toda la deuda anticrisis que había emitido el banco antes de entregárselo a Santander. Al margen de las acciones, unos 1.700 millones de euros, entre deuda subordinada y bonos contingentes convertibles (CoCos) perdieron todo su valor de un plumazo. En el mencionado orden de prelación, los CoCos ocupan el penúltimo lugar y la deuda subordinada el antepenúltimo.

Pero ojo, he dicho que la decisión pasó por volatilizar la deuda anticrisis y ¡sorpresa! la deuda sénior no preferente también tiene esa consideración a ojos del supervisor. De haber tenido tiempo (y capacidad) Popular para emitir este tipo de bonos, también habrían sido arrasados.

“Conforme los bancos vayan construyendo su colchón anticrisis, la diferencia entre cada uno de los escalones del colchón anticrisis –recordemos: CoCos, subordinada y sénior no preferente- será más grande”, explican desde la agencia de calificación crediticia Fitch. Hasta la fecha eso no ocurre y, si las autoridades deciden intervenir una entidad, las tres bolsas de deuda bancaria se volatilizarán por entero.

Es cierto que la deuda sénior también puede ser impagada. Sin embargo, muchos expertos sostienen que a día de hoy es algo improbable y que sólo ocurriría en el peor de los escenarios posibles en caso de resolución bancaria. Antes, probablemente, se vendería el banco a otra entidad o incluso, se llegaría al extremo de rescatarlo con dinero público, pues esta deuda se sitúa en el mismo escalón de cobro que los depósitos mayoristas (los de más de 100.000 euros), algo muy polémico de dejar caer.

Si fuera a asumir riesgo de detonación en mi deuda (rescate interno o bail in) yo optaría, al menos, por los bonos que más remuneración me ofrecen. De esta forma, en lugar de esos cuarenta puntos básicos por la deuda sénior no preferente, obtendría los más de 400 que ofrecen los CoCos. Si finalmente la mala suerte acecha y la deuda cae, preferirá haber estado cobrando cupones entre un 5% y un 11% (en función de la entidad escogida) que entre un 0,75% y algo más de un 3%.

Para mí estas cifras acaban con cualquier debate, aunque entiendo que los que compran deuda sénior no preferente podrán glosar sus ventajas respecto a los CoCos, como por ejemplo que su cupón no es discrecional. Habrá tiempo en otra ocasión de entrar en más profundidad. De momento, sólo señalar que el precio que se paga por asumir mucho más riesgo es insignificante.

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