El petróleo que se financia con bonos verdes

El petróleo que se financia con bonos verdes

La irrupción de los bonos verdes en el mundo de la inversión ha sido paulatina, pero en el último año parece haber entrado en ebullición. Los inversores, especialmente procedentes del norte de Europa, buscan añadir criterios ambientales a sus carteras y esta herramienta cuenta con su beneplácito.

Para poder emitir “en verde”, una compañía debe pasar una auditoría. Se trata de un trámite a cargo de una suerte de “agencia de ráting de valoración medioambiental” que le otorga una calificación paralela a la que ofrecen las tradicionales Moody’s, S&P y Fitch.

Al principio, sólo compañías con claro sello eco-friendly acudían a este mercado. En España, Iberdrola se convertía en pionera con una operación de este tipo en 2014 y pronto comunicó su intención de emitir bonos verdes siempre que fuera posible. Para las empresas, el valor de colocar deuda de estas características está en el acceso a una nueva bolsa de inversores, fondos que tienen como norma invertir en empresas sostenibles. Esto se traduce en un aumento de la demanda potencial de la colocación y, por tanto, en una reducción del interés a pagar por la deuda. Además, permite mejorar la imagen exterior de la compañía.

Pero emitir bonos verdes no requiere que la empresa desarrolle un negocio positivo hacia el medio ambiente, como se ha encargado de demostrar Repsol. La petrolera española fue la primera de su sector en acudir al mercado de bonos verdes con una colocación en mayo de 500 millones de euros al 0,5%. Podrá pensar en pocos negocios menos ‘green’ que el del petróleo, pero la emisión fue todo un éxito. La operación se saldó con nada menos que 2.700 millones de euros, una ratio brutal de 5,4 veces la cantidad adjudicada.

La emisión de Repsol ha suscitado un relevante debate en el mundo de las finanzas. A un lado del tablero se sitúan  los que piensan que operaciones pervierten la finalidad del bono verde convirtiéndolo en un instrumento de marketing. Mientras, otros sostienen que, si se va a extraer petróleo, y la empresa necesita financiación, mejor incentivar de alguna manera el hecho de que se destine a reducir su impacto ambiental.

Debo confesar que me inclino más hacia esta última postura. Si las empresas garantizan que el capital captado se destinará a hacer un uso más eficiente de los recursos, qué más da que sean bancos que quieren elevar la calificación energética de sus edificios, que firmas que van a construir paneles solares o, como es el caso que nos ocupa, petroleras. Siempre se ha dicho que en esto del cambio climático cada uno debe aportar su granito de arena y quizá el de Repsol se pague con bonos verdes.

Un segmento en auge

Petroleras al margen, lo cierto es que la demanda de este tipo de bonos se ha elevado en los últimos tiempos y cada año va acompañada por una oferta mayor. Según los datos proporcionados por Moody’s, en 2017 se emitirán hasta 206.000 millones de euros en este tipo de deuda en todo el mundo, un 120% más que la cantidad registrada el ejercicio anterior.

Desde que en 2013 dieran comienzo este tipo de operaciones, cada año el volumen de deuda emitida ha registrado niveles de crecimiento de tres dígitos. La única excepción fue 2015, año en el que la subida se limitó a un 15,84%. Es cierto que se parte de cuantías bajas, lo que facilita estas variaciones exponenciales, pero también lo es el hecho de que cada vez están más en boga. BBVA e ING tienen en España a sus banqueros muy pendientes de la evolución de este negocio, que podría convertirse en el próximo nicho a explotar.

Los bonos verdes han llegado para quedarse y su volumen seguirá creciendo con los años. Veremos muchas emisiones de este tipo, entre las que habrá petroleras y semejantes. Mejor acostumbrarse.

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