La JUR vive instalada en el despropósito

La JUR vive instalada en el despropósito

Después de observar y de hablar con muchos de los agentes implicados. Después de una, dos, tres, cuatro… innumerables historias publicadas sobre este tema, me he visto forzado a escribir este post. La actuación de la Junta Única de Resolución (JUR) es un constante despropósito. Me mantendré al margen en esta ocasión de todo lo que rodea a la resolución de Popular, ahora en los tribunales, para centrarme en las chapuzas cometidas en relación al que es su proyecto estrella: el colchón anticrisis de la banca.

La idea es, en su concepción teórica, una genialidad. Se trata de forzar a las entidades a que capten una serie de recursos que, llegado el momento, pueden impagar para disponer de un balón de oxígeno en tiempos de penurias. Una inyección de dinero a costa de sus inversores que vendría a ocupar el lugar de las tan polémicas aportaciones por parte de los contribuyentes. Se anunciaba el fin de los rescates.

Los accionistas y bonistas, recordemos, deciden voluntariamente asumir un determinado riesgo para con la entidad y en épocas de bonanza participan de los beneficios, por lo que resulta mucho más lógico que sean ellos los que respondan a las pérdidas.

No es la idea, sino su articulación, la que ha convertido a este colchón anticrisis –cuyo nombre técnico en Europa es MREL- y a su aplicación por parte de la JUR en un martirio. De primeras, se supone que esta regulación está en vigor en el Viejo Continente desde enero de 2016. Han pasado más de dos años desde entonces, pero al hablar con representantes de varios bancos españoles te das cuenta de que la mayoría de ellos no ha obtenido de la JUR ni siquiera la cifra definitiva de recursos que deberán reunir.

Elke König, presidenta de la JUR.

Los bancos manejan sus propios modelos internos con los que estiman la horquilla en la que se podría mover este requerimiento, pero un proceso serio no puede llevarse a cabo sin saber a ciencia cierta cuántos millones debes captar.

“Tras la crisis financiera se decidió crear una serie de instituciones europeas de supervisión y regulación bancaria para dar un golpe de efecto sobre los mercados y evidenciar que se había aprendido la lección y que las cosas iban a cambiar. Sin embargo, estas cosas no se llevan a cabo en tan poco tiempo”, explica un banquero que lidia habitualmente con estas autoridades.

A su juicio, las prisas por lanzar este mensaje se tradujeron en la creación de instituciones que en el fondo no eran otra cosa que cascarones vacíos, sin el suficiente número de trabajadores y expertos como para llevar a cabo la tarea encomendada.

“La JUR no tiene los recursos suficientes para analizar cada una de las entidades europeas, mantener las negociaciones y conversaciones oportunas y articular a tiempo las exigencias del colchón”, apunta otro banquero español.

Mientras la JUR encadena un retraso tras otro en sus compromisos, los bancos siguen con sus balances sin la protección ideada por el resto de reguladores, que cruzan los dedos para que la próxima crisis esté todavía lejos y dé tiempo a poner en orden todos los asuntos.

Monstruo orgánico

Pero en el esperpento en el que la JUR ha convertido el proceso de acumulación del colchón anticrisis va más allá de la falta o no de recursos a su alcance que es, de hecho, de lo que menos culpa tiene.

En varias conversaciones con miembros del sector financiero ha salido el término “monstruo orgánico” para definir al colchón, por el hecho de que su forma va cambiando casi a diario. Hoy la deuda sénior tradicional computa los requerimientos, mañana no lo hará y pasado mañana sólo en un 2,5% de su volumen total. Hoy los depósitos de grandes corporaciones tienen su impacto y mañana no, pero sí lo tienen las notas estructuradas. En fin, un auténtico desorden que llena de incertidumbre regulatoria el proceso, pues nadie tiene muy claro qué tipo de activos se le exigirán.

Por poner en valor este punto, sólo señalar que no es lo mismo tener que emitir una gran cantidad de bonos contingentes convertibles, que en el mejor de los casos se pagan al 5%; que de bonos sénior, cuyos cupones rondan el 1%.

Pero ya el colmo de toda esta historia es la justificación del a JUR ante quien les acusa de estar dando palos de ciego con todo esto del colchón anticrisis:

“MREL es una herramienta crucial para mejorar la resolución de los bancos. Ninguna directiva responsable debería optar por sentarse y esperar [entiendo aquí que la regulación termine de gestarse] porque la dirección del viaje es clara”, explicaba Elke König, presidenta de esta institución en su último comunicado.

Veamos. Si no lo entiendo mal, lo que König justifica es que los bancos se pongan a emitir sin que ni ella ni ninguna otra autoridad les aclare qué, cuánto o cuándo, sólo porque ha dicho que algún día habrá un colchón anticrisis vinculante que deberán tener. ¿Entienden ya por dónde voy y por qué uso los términos esperpento y despropósito?

Algunos bancos han hecho caso a König y han acudido al mercado a por los nuevos tipos de deuda, un papel que, visto lo visto, alcanzará su madurez antes de que a la JUR le dé por señalar la fecha a partir de la cual el colchón anticrisis se vuelve vinculante. Todo un éxito.

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