Otra razón por la que se cree que la nueva crisis no está al caer

Otra razón por la que se cree que la nueva crisis no está al caer

La economía estadounidense da muestras de estar encarando ya la recta final de su ciclo de expansión, uno de los más grandes de su historia, y que se ha caracterizado por unas brutales subidas en la valoración de gran parte de sus activos gracias a los tipos de interés más bajos nunca vistos. Y si Estados Unidos entra en crisis, también lo hará Europa, se haya sumado o no al carro de las alzas. Sin embargo, los expertos consideran que la fiesta puede durar aún entre uno y dos años más y, si bien nadie se atreve a decir la mítica frase de “esta vez será diferente”, sí que aprecian una ligera toma de conciencia entre las empresas.

La prueba de ello se encuentra en el high yield, las empresas con peor calificación crediticia caracterizadas por fuertes niveles de apalancamiento y que, según señalan los gestores, pueden ser la piedra de toque para tratar de adelantar un nuevo crash. En los albores de una nueva contracción como la vivida en 2007-2008, este tipo de compañías acostumbran a verse envueltas en una euforia de operaciones corporativas, endeudándose para absorber sin medida a otras empresas.

Uso de los recursos financieros
Distribución del uso de los recursos financieros.

En la actualidad, sin embargo, los datos muestran un contexto muy distinto. Según los datos recopilados por JPMorgan, las empresas destinan más de un 60% de la financiación a amortizar deuda antigua. Están aprovechando los todavía bajos tipos de interés para reducir sus costes financieros, lo que, al contrario que las compras apalancadas, las hace más resistentes. Para verlo con una mayor perspectiva, cabe señalar que en 2006 y 2007 ese porcentaje era inferior al 40%.

De los últimos diez años, únicamente en tres hicieron las empresas un mayor esfuerzo por refinanciar su deuda. Ahora, además, no están tan presionados como entonces. El uso de apalancamiento para financiar operaciones de fusiones y adquisiciones (M&A, en la jerga) se sitúa además dentro de la media histórica y significativamente por debajo de los niveles de los años de la burbuja. En 2017, las empresas han destinado alrededor de un 20% de sus nuevos recursos financieros a este tipo de usos, frente al más del 50% registrado diez años antes.

A mí, sin embargo, me surge una duda. ¿Qué ocurre si la crisis no llega por un shock crediticio sino por uno en la oferta o en la demanda? Es algo que, entiendo, no se puede anticipar por el uso que las empresas dan a sus recursos.

Una situación así pillaría a los mercados, y a las economías de todo el mundo, con los tipos demasiado bajos como para un nuevo esfuerzo por el lado de la política monetaria y lo fiaría todo a las políticas fiscales, que tan poco han respondido en los últimos años. Está por ver si entonces los Gobiernos hacen uso de los déficits para impulsar la economía o si tenemos que volver a ver a los banqueros centrales sudar sangre.

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