Un alemán y un español ponen rumbo al BCE

Un alemán y un español ponen rumbo al BCE

Entran un alemán y un español y salen un italiano y un portugués. No es un chiste de esos de nacionalidades, aunque por la forma pudiera parecerlo. El escenario en el que transcurre la acción tampoco es un bar, sino el Banco Central Europeo (BCE), y lo que ocurre no es el típico cambio de turno para pasar del aperitivo a la comida, sino una amplia reconfiguración del Comité Ejecutivo de la máxima autoridad monetaria del Viejo Continente.

Vítor Constâncio, vicepresidente del BCE, finaliza su mandato el próximo 31 de mayo. Su lugar lo ocupará, si nada se tuerce, el actual ministro de Economía español Luis de Guindos. El político ha rechazado presidir el Eurogrupo para aspirar al segundo puesto más importante del organismo con sede en Fráncfort. Hay quien cree que sería más protagonista en Europa de haber elegido la otra opción, pero para mí acierta. El BCE le garantizará un mandato de ocho años sin elecciones y, eso al menos se presupone, sin injerencias políticas en su labor. La institución que ahora mismo preside Mario Draghi es, además, una de las mejor valoradas en Europa tras la crisis.

Para el BCE, en principio, la llegada de Guindos sería el cambio de menor calado, pues el puesto seguiría en manos de un representante del sur de Europa. Además, la economía portuguesa y la española (permitiéndome el lujo de salvar las mastodónticas distancias al compararlas) se alinean en el sentido de que no necesitan una normalización monetaria veloz, sino que agradecerían –o así lo revela al menos la regla de Taylor– un tiempo más de políticas expansivas.

Jens Weidmann, presidente del Bundesbank.
Jens Weidmann, presidente del Bundesbank.

El cambio real es, sin duda, el de más arriba. En octubre de 2019 (dentro de menos de dos años) el timón del BCE cambiará de manos y se pondrá punto y final a la era Draghi. Nadie, salvo un improbable error de última hora, podrá negarle el éxito al banquero italiano. La recuperación económica y el futuro del euro llevan bordados su nombre y apellido, pero, como ocurrió en Estados Unidos, la normalización monetaria mira hacia otra persona.

Un lavado de cara completo

Jens Weidmann, actual presidente del Bundesbank, es el favorito para ocupar el puesto que abandonará Draghi. El alemán es uno de los que siempre deja titulares en sus comparecencias por su postura en contra del consenso actual del organismo. En línea con el sentir de su país, es poco amigo de los estímulos y seguro que ha dado más de un dolor de cabeza al ala prudente del BCE. Es habitual que los análisis de discursos le sitúen como el segundo miembro del consejo de Gobierno más hawkish (duro), sólo por detrás de la también alemana Sabine Lautenschläger.

No estoy diciendo con esto que vaya a ser mejor o peor, pero sin duda será diferente a lo que hemos visto hasta ahora. Por un lado, la sangre alemana al frente del BCE podría desembocar en una salida mucho más rápida de las políticas monetarias expansivas que de margen suficiente como para que, ante la llegada de una potencial nueva crisis, se pueda volver a hacer uso de los tipos bajos y de las compras de deuda. Por el otro, sin embargo, el susto en los mercados puede ser de aúpa tras años narcotizados bajo la mirada de un extremadamente cauto Draghi. Ojalá Weidmann abra la mano, pero no busque dar un puñetazo a lo conseguido hasta ahora.

El peligro a este nuevo nombramiento no lo veo tanto en los primeros años como en el conjunto del mandato, y ojo que aquí entramos en el terreno completamente opinativo. El alemán puede venir muy bien para espolear la normalización monetaria, pero me da mucho miedo pensar en cómo gestionará la crisis a la que, por pura estadística de ciclo económico, debería tener que enfrentarse.

Como el de todos los miembros del Comité Ejecutivo, su mandato durará ocho años y me pregunto sí, llegada la necesidad, será capaz de usar todo el armamento a su alcance para ahorrarnos una dura caída. No veo el famoso whatever it takes en boca de un Weidmann de quien se rumoreó que amenazó con dimitir ante la llegada de las compras de deuda. Si tenemos que esperar a que finalice su mandato para poner toda la carne en el asador, podríamos volver a encontrarnos con que Europa se pasa dos o tres años más en recesión de lo que debería.

En cualquier caso, será curiosa la pareja que formarán Guindos y Weidmann al frente de la autoridad monetaria. Del alemán todo el mundo sabe qué esperar, por lo que es Guindos quien se me antoja una incógnita. No conozco personalmente al actual ministro de Economía español, pero intuyo que todos tendremos tiempo de ver de qué pie cojea alejado del día a día político y ocupando el segundo puesto más importante del BCE. ¿Servirá de contrapeso para equilibrar a Weidmann? Supongo que no tardaremos demasiado en conocer la respuesta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *